El Patrimonio, la sostenibilidad, la cultura y nuestra colectividad nikkei.
El Patrimonio es el legado que recibimos del pasado, que vivimos en el presente y lo que transmitiremos a las generaciones futuras. La cultura cumple un papel fundamental para su desarrollo y la identidad es un propulsor fundamental, siendo el Patrimonio Cultural su mejor herramienta.
Los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) fueron adoptados en el 2015 para promover el fin de la pobreza, cuidar el planeta y garantizar a todas las personas puedan disfrutar de una ambiente pacífico y próspero.
Seleccionando los ODS, los fundamentos del desarrollo sostenible como el económico, el social y ambiental vemos cómo la cultura y la creatividad son nuestras raíces nikkeis. El patrimonio cultural es transversal a lo económico, lo social y lo ambiental para una comunidad. El patrimonio cultural actúa como elementos asociados para la consecución de los ODS, los elementos culturales y la identidad son inspiradores para el desarrollo sostenible, como la promoción de las industrias culturales y creativas, la llamada Economía Naranja.
La actual coyuntura debido a la inacabada pandemia cuya secuela de muerte y crisis afectan a nuestras sociedades. Nos retan a encontrar fortalezas en nuestro valores y nuestra cultura como patrimonio. La solidaridad como una característica humana y la forma de vencer nuestras desgracias y enmendar el camino. De esta emergencia no podemos salir y la superaremos juntos. Nuestro mejor ejemplo y guía son nuestros ancestros inmigrantes superaron unidos las más duras pruebas del destino en base a sus identidad.
Fruto del desarraigo de nuestros valores y tradiciones, el cambio climático desarrolla funestas consecuencias. Los desastres naturales, los cataclismos (tifones, lluvias, sequía...) también la violencia humana (guerras, conflictos, batallas...) Para sobrevivir el hombre necesitó de la cooperación, del trabajo solidario y en conjunto. Requiriendo la unión nuestra, guiados por el retorno a una filosofía ancestral de respeto al ambiente y un modo de vida solidario.
“Amar la vida está relacionada a acabar con el hambre, con la pobreza, vivir en armonía con todos nuestros “stakeholders” (Nuestras familias, nuestros amigos, nuestro prójimo, la naturaleza, etc). Tambièn a vivir de manera saludable y seguros”.
La asistencia mutua, la empatìa frente al dolor ajeno, el espìritu de cooperaciòn son valores bàsicos para construir una sociedad mejor” contribuyendo a su sostenibilidad y su desarrollo. Es un ejemplo de la cultura como elemento catalizador de los objetivos de cualquier desarrollo sostenible y como también los del milenio. A una sociedad solidaria se le facilita llegar a cualquier meta que ella misma se imponga. La sociedad y la cultura necesitan emblemas que apuntalen su fortaleza como colectivo.
Entre las metas se mencionan: “Ciudades y Comunidades sostenibles” nos llama a trabajar para la reconstrucción. Dentro de uno de sus acàpites menciona “Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural del mundo”. En ese sentido culturas ancestrales como la peruano japonesa gozan de aquellos valores, siempre puestos a prueba por la mano del hombre o la naturaleza.
La cultura de nuestros ancestros desarrolló el crecimiento de una cultura con armonía con el ambiente natural. Siempre en la búsqueda tan delicada del equilibrio opuesta al modo occidental de pensarla como un rival o un obstáculo. Esta lamentable filosofía ha puesto en peligro nuestro planeta. Por el contrario, en oriente se privilegió el sentido sacro de las fuerzas naturales. Un árbol o una especie eran considerados sagrados por el favor que nos brindan, siendo todos indispensables.

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